Quien no recuerda las brutales imágenes del comienzo de la película "Salvar al Soldado Ryan", quizás también la primera película que mostró en el cine imágenes súper realistas de mutilaciones y muertes en la guerra. A muchos se nos han quedado grabadas en la retina esas imágenes, de esa primera larguísima escena que representaba el desembarco de Normandia, el famoso dia D, en el que los americanos desembarcaban en Europa para liberarla de la dominación Nazi.

Lo que seguramente no se puede uno imaginar es que esas imágenes se grabaron en una playa de Irlanda, en el norte del condado de Wexford, a tan sólo 120 km de Dublín. Concretamente en Balinesker Beach, en la villa de Curracloe.

La playa que trataba de representar fue la de Omaha, una imponente playa de arena blanca de más de 6 km de largo situada entre las villas francesas de Vierville y Colleville, donde miles de soldados americanos de la quinta compañía desembarcaron un 6 de Junio de 1944, y muchos de ellos murieron violentamente, como pudimos ver en la película que representaba fielmente parte de esa sangrienta historia.

El rodaje comenzó el 27 de junio de 1997, y el equipo se mantuvo allí durante dos meses para completarlo. Se da la circunstancia de que el pueblo en aquella época ni tan siquiera disponía de electricidad trifásica, y la necesidad de ésta para los equipos que utilizaba esta megacompañía obligó a instalarlo, para suerte del pueblo.

Para acondicionar la playa para el rodaje, se construyeron multitud de obstáculos como los que los alemanes pusieron aquel día, en una playa que tenía profundidades medias hasta el mar de entre 350 y 400 metros con la marea baja.

La playa y la zona es a menudo visitada por turistas cinéfiles de este tipo de cine, y es habitual ver autocaravanas en la zona.

Si en algún momento visita Wexford, o decide realizar un curso de inglés para adultos en nuestra academia cercana, o un programa para familias, y quiere visitarla, no dude en hacerlo, y si es posible volver a ver la película previamente, seguramente le hará volar la imaginación, y quizá pensar en la suerte que tenemos de no vivir tan convulsos tiempos de guerra.


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