Estados Unidos es el segundo país del mundo con más hispanohablantes. A censo de 2014 un 17,4% de su población era de origen hispano sumando la friolera de 55 millones de personas. De estos, 40 millones hablan en casa la lengua de Cervantes. Debido a la creciente inmigración latina en las últimas décadas a EEUU (si no estaban ahí ya) y al consecuente proceso de mezcla y cruce de influencias, se crean términos nuevos que son un popurrí entre el castellano y el inglés: el famoso espanglish.

A la pregunta “mijo, ¿puedes vacumear la carpeta?” hecha por nuestra madre es probable que no supiéramos a que se refiere o qué idioma habla. Pero si nos hemos criado en el sur de EEUU siendo hispano estadounidense nos sonará muy familiar y como un retoño obediente procederemos a aspirar la alfombra. Si “vacuum” es aspirar y “carpet” alfombra en inglés, lo demás se explica por la adaptación de nuestra lengua materna a la del lugar donde vivimos.

No debemos confundir este concepto con el de anglicismos, estos no se hacen de forma coloquial como el espanglish sino que están recogidos ya en la Real Academia Española como palabras españolas pero que en origen provienen del inglés.

Este enriquecimiento del español da lugar a términos tan curiosos como “lonchar” (de “lunch”, almuerzo), “marqueta” (de “market”, mercado), “enjoyar” (de “enjoy”, disfrutar”), “agriar” (de “agree”, acordar), “frizar” (de “freeze”, congelar), “janguear” (“hang”, salir). También encontramos expresiones como “chekerau” (“check it out”, compruébalo) o el “rufo del bildin” (“the roof of the building”, el tejado del edificio”).

Algunos académicos pueden poner el grito en el cielo escuchando estas expresiones, en opinión sencilla de un humilde servidor responden a una evolución natural del idioma según las circunstancias en que se encuentre. Si pensamos aprender inglés en EEUU esta claro que el idioma de Shakespeare tenga nuestra prioridad pero eso no quita para que podamos conocer un poco de la cultura hispana del país.


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